Numero 5: Agua color té / Enero 2007

Hay un país bananero, digo petrolero, en el norte del sur, el paraíso de los paraísos a veces y el infierno de los infiernos otras, y ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario de vez en cuando. La tierra surrealista de abundancia casi absurda en donde todo es posible, desde lo mas agrio hasta lo mas noble… Bienvenidos a Venezuela.

Allí pasé otro diciembre como es costumbre. Cómo la pasé de bien. Creo que no hay mejor época para estar en Venezuela que en navidad y en año nuevo, al menos para mí que en falta echo a Caracas, a momentos. Y sobretodo en aquellos momentos en los que logro abstraerme de la presencia de los malandros, del bochinche revolucionario generalizado y de los discursos del rey de la banana, que a sus súbditos divierte no sólo cada domingo, sino varias veces a la semana, ya sea por escrito, por televisión, en directo, diferido, por Internet, y muy pronto por realidad virtual… Y es que cuando se es golpista, fisicoculturista, naturista, guitarrista, internista, manicurista, imperialista, antichavista, artista, equilibrista, montañista o cualquier otro adjetivo de esos que nuestro rey suele utilizar para denigrar a los súbditos de pensamiento libre o no, no queda otra que olvidarse a ratos que él existe y disfrutar al país a sus anchas y a los amigos a la vieja manera…

En este break del mundo islámico, tuve la oportunidad de acercarme al salto angel. Junto con Roraima, uno de los lugares naturales más impresionantes que he visto. Son los tepuyes, el aire, el sol, las cascadas, el agua color té, las paredes de tonos naranja, los colores de las rocas, la arena del río blanca y rosada, el pemón en su sabana. Debo agradecer a mi amiga Yelitza que me sonsacó y logró arrastrar, no a uno, sino a 6 viajeros a este rincón de selva.

El resto del tiempo en Caracas fueron fiesticas, birras, salidas, dormir, comer, conversar, echar chistes… tres semanitas de cosas comunes, de esas que hacen falta por aquí… y sin embargo, ya después de un poco me hacía falta (en una justa y discreta medida) devolverme al mundo islámico iraní… aunque claro que ciertas cosas no las quería ni ver. No me hacia falta el portero, quien controla quién entra y quién sale de la casa, ni mi calle de tierra, ni el no tener carro, ni la contaminación. Por cierto, en estos días estamos alcanzando niveles de alerta… si continúa así probablemente se restringirán las actividades laborales y educativas por algunos días para hacer bajar un poco el smog.

Así que aquí estoy, empezando el año en Irán con miles de proyectos nuevos y miles de cosas que hacer. En principio, debo trabajar. Ya se acerca el final del proyecto y mientras más trabaje ahora, más tranquilo estaré dentro de algunos meses. Además debo empezar a estudiar, pues me inscribí en una universidad a distancia, sigo con mis clases de farsi dos veces por semana y encima en una semana tendré una muestra de mis fotos en una galería y parte del tiempo de estos últimos días se ha pasado en planificar el encuentro.

Así que como ven la rutina llegó con fuerza apenas toqué suelo persa. Pero con la rutina llego también lo bueno. Ya empezamos los fines de semana de fiesta y de ski. Ayer ya fui por la segunda vez. La nieve es perfecta y una de las estaciones cercanas es enorme. Si esta nieve y estas montañas quedaran en Europa, no me puedo imaginar la rumba. Es curioso pensar que en un país como Irán se esquíe, o mejor dicho, ME ERA curioso. En mi mente tenía la imagen de un país árido con inviernos moderados y además me preguntaba como se podía conciliar la diversión del esquí con la ley religiosa. Las pistas se llenan. No se ven chadores esquiando, y se ven muchas mujeres vestidas como cualquier persona que esquía en cualquier parte, solo que deben hacer atención a subirse la capucha porque en las pistas siempre hay un montón de policías que controlan la (in)moral y las buenas (desa)costumbres. Cuando fui a esquiar en noviembre en la cola para el teleférico habia una chadorí controlando la vestimenta, que en cierto modo representaba por sí sola lo que es este país. Era irónico ver a esta mujer cubierta en chador, de cejas rasadas y pintorreteadas, maquillada discretamente, regañando a las jóvenes que se quitaban el velo para ponerse la capucha de la chaqueta de esquí. Resumiendo: una vanidosa reprimiendo la vanidad.

Y para variar, ahora que volví de mis vacaciones, mi día típico sigue iniciándose con un despertador que maldigo cada mañana. No fui hecho para despertarme. Fui hecho para dormir. Punto.

I promised some blogs ago that I would dedicate some words in english for the non spanish speakers. I’ll try some other time. Anyways, part of my life in Iran is going on in English, another part is happening in Italian or Spanish, and sometimes basic Farsi is the only resource available... so a multilingual blog would not be that far from my reality. Languages are incredible, but, at the end, they are just barriers. Hopefully you will manage to get something with one of these internet translators.