Número 4: Semana de realidad virtual

La pelicula iraní continúa. Los personajes se multiplican (y hasta algunos se reproducen). Las historias se complican, la trama se vuelve más densa. Sin embargo, el personaje principal sigue igualito, igualito de diferente, diría yo. La luz que llega a la camara se hace menos intensa con la llegada del otoño y los ánimos se apaciguan de consecuencia. Aquí les va otra escena.

Estuve en Oslo la semana pasada por diez días desde el 5 de octubre.
La pase genial, tuve la oportunidad de encontrarme con Joachim, Daniel el Sueco (sí, el mismo que se perdió en Ecuador, para los que saben la historia), además conocí amigos de amigos, en particular amigos de mi nueva amiga Martina de NY, y a otra gente interesante, incluyendo a un par de artistas muy conocidos en Noruega. Qué bien me sentí pudiendo correr en shorts, sin miedo a estar demasiado descubierto, pudiendo correr en un espacio verde con árboles y sin carros, pudiendo beberme un cervecita cuando me saliera del forro, pudiendo ir a conciertos que no sean de música ni clásica ni tradicional (fui a un concierto gratos de Vocal Sampling), y viendo y reviendo a las mujeres sin velo. Un viernes de Oslo en la noche me regresaba al hotel golpeado por el alcohol de unas cervecitas y me reí de mi mismo cuando inconscientemente me comencé a ‘preocupar’ por mi aliento a alcohol, solo para darme cuenta al instante de que estaba en Noruega! En Teheran no es que pase algo si te montas con tu aliento a alcohol en un taxi, pero de vez en cuando hacen comentarios que te hacen sentir incomodo, pues esta prohibido; notan que has bebido, te lo preguntan.

Estuve viajando con mis compañeros iraníes y fue interesante (interesante no es sinónimo de fácil) compartir unos momentos con ellos en tierra occidental. A veces, para ser sincero, me sacaban de quicio. Otras veces compartíamos como buenos colegas tiempos agradables. Uno de ellos creo que tiene un montón de ideas preconcebidas acerca de nosotros los occidentales, sobretodo respecto a los bares, la vida nocturna, etc. Y cuando digo nosotros los occidentales lo digo porque pues, de este lado del globo se vuelve mas evidente de donde vienes… soy occidental y vivo en Irán, en donde no todos son occidentales, claro está, dependiendo de que se entiende por occidental.

Una experiencia extraña ésta de salir de Irán, y, sobretodo, la de volver! En Italia o en Francia cuando volvía de vacaciones decía… al fin mi casa, aunque no fuera la de Caracas. En Italia, mi casa era ya MI casa por decreto y por hecho. Ahora en Teherán es distinto. Sí, es mi casa, aquí tengo mis cosas (que cabrían en unas pocas cajas de cartón y una maleta) y ahora tengo mis amigos… pero es Irán… y eso implica tantas cosas! Joé!

En una semana cumpliré cinco meses aquí. Un tiempo largo y corto, una experiencia increíble que me ha cambiado, y que me seguirá cambiando. No soy el mismo. A veces me pregunto, cuando me pongo a hacer filosofía de la barata, si es que acaso el hecho de estar aquí no es sino un producto más de un mundo causal donde todo sucede porque tiene que suceder, o si acaso es el simple producto de un montón de eventos aleatorios. No lo sé. A veces me siento de lo mas normal en este lugar, casi acostumbrado, otras veces me siento como si estuviera apenas llegando, casi sorprendido. Sea como sea, la adaptación al lugar sigue su curso, y estoy empezando a pasarla bien. Me doy cuenta que abstrayéndose de la política y de ciertos derechos que damos por sentado en nuestro mundo, este país no es tan malo.

Ahora me voy a dormir, son las 4 de la mañana, vengo de una reunioncita con mis panas españoles, un grupo que, por cierto, se renueva constantemente. Ahora llego Rubén, un nuevo becario. Por esta reunión y también por mis ganas de dormir, mañana viernes no iré a caminar a la montaña con Renato. Inusual. Quería ir porque esta semana nevó por encima de los 3000 metros y el Avila de Teherán adquirió un bonito aspecto. Bueno y ya que hablé del Avila les digo que esta nieve en la montaña de Teherán trae a mi memoria un par de imágenes de sueños repetitivos que he tenido en el pasado: he soñado que el Avila amanecía blanco por la nieve. Una imagen definitivamente atractiva para nosotros los caraqueños.

Ok, ok, ya sé, que me vaya a dormir de una buena vez. Sueñen con el Avila.

Número 3: Essen verboten

Conocí a la primera persona HIV positivo (que yo lo sepa). En este ir y andar de gente de cualquier lugar del mundo que se encuentran en Teherán de repente, me vi un día yendo de compras al bazar de los viernes con una señora mauritana, una belgo-americana, una española y un iraní. La pasamos súper bien y compre mi primera alfombra. Buen día… y buena alfombra! Ya la verán, estoy orgulloso de mi compra.

Resultó ser que un miembro del equipo de compras es seropositivo. Una tonteria, no es que ella sea diferente, luzca diferente o hable diferente de los seronegativos, por supuesto que no; pero de algún modo un pequeño impacto causó el tener frente a mí a una persona tan dinámica que irradia tanto entusiasmo… y que quizás desarrollará el SIDA en el futuro. Pero su historia no es una historia triste, ella trabaja para las Naciones Unidas en formación de personal en temas relacionados con la infección del HIV. Supe que lleva unos 15 años de infectada. Ha viajado por todos lados del mundo impartiendo sus cursos con su respectivo cargamento de condones masculinos y femeninos. En esta oportunidad llegó a Teherán con 400 preservativos femeninos en su maleta!

Y así sigo en Teheran, conociendo gente, escapando los fines de semana a las montañas, y tratando de huirle al trafico cuando se puede… eso quiere decir, nunca. Añoro mi bici! Sin embargo no puedo decir que me la pase todo el dia en el trafico: el ritmo que llevo no es tan frenético POR LO GENERAL.

En lo que si no puedo exagerar es cuando digo que aquí esta prohibido todo… hasta comer! Comer?! Sí, comer. Al menos por 28 días al año, en Ramadán, cualquier persona comiendo en público sería una curiosidad o más bien un potencial arrestado. De hecho está prohibido comer en público durante las horas de sol del mes árabe de Ramadán. En este mes una de las necesidades más básicas se convierte en lo que se han convertido muchas cosas en este país: en una actividad discreta, escondida, a momentos clandestina. Leyes extrañas con gente que no me parece extraña… aquí la gente sigue siendo humana como lo es en Venezuela o como lo es en China. Pero nunca habría pensado que en algún lugar del mundo podría estar prohibido comer! Para nosotros occidentales es casi absurdo, pero es así. Del 25 de septiembre al 25 de octubre el comedor de la compañía estará cerrado y los almuerzos serán o traídos de casa o comprados en algún restaurant cercano. Y tampoco crean que no pueden encontrar nada para comer en la calle; encuentran, pero muy poco, y muy discretamente pueden comprar algo para llevar, o ir a algún abasto a comprar lo necesario para un sándwich. Y así transcurre Ramadán, con almuerzos frugales, horarios distintos, y hambres pasajeras (los iraníes trabajan una hora menos, supongo la correspondiente al almuerzo que teóricamente no hacen –hey, dije teóricamente). Repito, teóricamente. En mi oficina de cuatro iraníes, dos hacen el ayuno, y así como ellos, hay mucha gente que no sigue las reglas.

Itinerario: Turquía

Estuve en Turquía unos 10 días en agosto. La ruta fue Istambul-Ankara-Capadocia-Anatalia-Kash-Bodrum. Genial, fue divertido. Tengo mas fotos, pero he tenido problemas para cargarlas... en otro post pondre mas fotos de Turquía, espero que lo disfruten.





Número 2: Brother has arrived

Aquí les dejo el No. dos de las crónicas de una república analcohólica.

Ocho de la mañana, sueña el despertador ya por segunda vez. Para no variar, no logro alzarme. En 15 minutos debo estar listo para no hacer esperar ni al chofer, ni al otro colega con quien comparto carro. Logro levantarme, me cepillo los dientes, me pongo el ventiúnico pantalón, una camisa planchada y listo, a planta baja. Espero unos 10 minutos. El otro colega nunca está a la hora, y sin embargo cuando se monta en el carro dice ‘ahhh que bien, hoy llegué puntual y hasta me dio tiempo de prepararme el desayuno’. Mientras, yo pienso en su reloj, que debe haberse parado hace ya mucho tiempo a la hora convenida: las ocho y cuarto. Y claro, pienso también en mi desayuno. A veces me da tiempo de comerme algo con o sin retardos… pero en todo caso, logro optimizar cada minuto de sueño. En el camino al trabajo, una media hora, me termino de despertar, leo algo si la conversación no está muy viva, y vuelvo la mirada cada vez que veo a otro carro a un milímetro de distancia del nuestro. Con algunas variantes (incluido el cambio del compañero!), esos son los primeros minutos de mi día desde hace un mes. Desde el 30 de mayo.

De hecho, llegué por segunda vez el 29 de mayo. Ya había pasado por aquí una semana en abril. Esta vez en el aeropuerto no me dijeron “Venezuela, is brother”. Sí, es verdad, en cierta manera somos brothers… sí, y no será por la religión… Volviendo a nuestro asunto… pasé las aduanas iraníes por segunda vez y sin mayores novedades, aunque con un poco de paranoia dentro de mí, pensando que había sido una buena decisión dejar los libros de contenido político en Italia. Contrario a lo que me esperaba, no hubo ningún control. Creo que revisan más a los mismos iraníes que a los extranjeros. Luego, hablando con la gente, me di cuenta de que podía estar tranquilo, que bastaba forrar cualquier libro que tuviera mujeres desnudas en la portada. Aquí todo el mundo trae de todo, excepto alcohol. Se oyen historias de gente que mete vino en tetrapaks de leche o cosas así... pero en este país se encuentra el licor que sea en el mercado negro, así que no creo que valga la pena arriesgar un control aduanal cuando basta pagar unos euros de más para beber. Se escuchan historias de gente que ha tenido que dejar botellas de vino
en la aduana, probablemente, añorando de antemano aquel brindis que no fue.
Al salir de los controles, volví a ver lo que vi una vez en Frankfurt cuando llegaba una delegación multitudinaria de árabes y también la primera vez que estuve en Teherán: un apurruñamiento generalizado de gente, uno tras otro en la puerta de la salida del Terminal. Me sentí como una celebridad, con la diferencia que nadie estaba pendiente de mí. Todos estaban esperando a alguien o a ese alguien ya lo habían encontrado y lo que hacían era conversar, saludar, hablar, mientras ya tres maletas me pisoteaban los tobillos para abrirse espacio en medio del desorden. Pronto me daría cuenta de que este fenómeno se repite en las calles y avenidas de Teherán. Una manera de hacer las cosas que podría llamarse “quitate tú para ponerme yo” (o “que me importa a mí!”). En realidad es el mismo fenómeno fácilmente observable en el trafico Caraqueño o Napolitano. Aquí, sin embargo, el tráfico es mucho peor…. De verdad, es peor, créanme. La luz de cruces no sirve, porque basta lanzarle el carro al que viene en el canal rápido y basta, el código no escrito dice ‘lanza el carro que el otro se para’. Dejar pasar un peatón ocurre solo en las películas y los canales de las autopistas no son tres o cuatro, son el doble: el uno, el uno y medio, el dos, el dos y medio… Me pregunto si este modo de circular tiene algo que ver con el fenómeno de tirar basura donde sea sin que te importe un comino, especialmente en las quebradas que bajan de las montañas Alborz, apenas encuentran la primera casa (otro fenómeno común en Venezuela y, en general, en cualquier lugar de Latinoamérica).
Sin embargo, el tráfico y las colas en el aeropuerto no impidieron que mi primera impresión de Teherán fuera más bien positiva. Me esperaba algo más atrasado, con menos acceso a ciertas comodidades, con menos infraestructura, y más caótico. La ciudad tiene un ritmo agitado como cualquier gran ciudad, sus sábados por la noche –que aquí equivalen a los jueves en la noche, sus calles comerciales, sus restaurantes, sus parques impecables y una red de autopistas que muchas ciudades envidiarían.

Claro que a pesar de la impresión inicial más bien positiva, un primer shock si que lo hubo. Sí que lo hubo! Del pueblo de Ravenna a la gran ciudad, en el Medio Oriente, en el caos y en el orden iraní. El shock cultural-urbano se mezclaba con la paranoia inicial, que persistió por un momento. Han tenido que pasar unos días para sentirme más relajado, dejar de un lado los estereotipos y dejar de pensar en Mullahs o Ayatollahs, en la Sharia, el Corán o en la represión policial que es por demás imperceptible a mi ojo extranjero… aunque aún cuando hablo mal del gobierno por teléfono, me siento escuchado… sin razón?
Desde mi oficina se tiene una buena vista de Teherán, hacia el norte se aprecian las montañas que se volverán blancas en invierno y hacia el sur el resto de la ciudad infinita y contaminada. Es extensísima, me recuerda la ciudad de México vista desde la torre más alta. Mi edificio es un edificio de oficinas normal, como cualquier otro. La compañía tiene unos 5 pisos. En mi departamento somos unos 10, mitad iraníes, mitad extranjeros. Para no perder la costumbre, soy uno de los más jóvenes, como en mi oficina de Ravenna o de Milán. El trabajo parece tranquilo, sin grandes momentos de tensión –y esperemos que siga así. El proyecto en los dos campos de gas y de petróleo que operamos esta bastante avanzado y nuestro contrato expira el año que viene, así que no es que se prevea una cantidad exagerada de trabajo técnico. Quizás se tratará mucho más de redactar documentos, ir a reuniones, presentaciones, dar reportes… ya veremos.

Cuando estoy aburrido, agitado, o quiero hacer una pausa, me voy a la ventana y de la misma manera en la que miraba al Ávila desde el trafico caraqueño, miro el Tochal y sigo sus curvas, sus valles y sus colores. Es relajante, y de hecho algo que me gusta del lugar, es que hay montañas tan accesibles y tan cercanas. Además, subir montaña en Teherán es algo muy popular, todos van a la montaña así sea en mocasines, así sea con el negro chador negro a 40 grados. Los mejores caminantes llegan a lugares mas lejanos (y no crean que no he visto chadores ´lejanos´) y si no se es un buen caminante, basta llegar hasta algún lugar sombrío de la quebrada donde religiosamente se instala el mantel o alfombrita, la cocinita o la leña, y la tetera. Este último episodio es uno que se repite no solo en la montaña, sino donde sea. Donde sea. Esta es la tierra del picnic. Aquí el picnic llegó para quedarse, o, considerando lo antiguo de este pueblo, se podría hasta pensar que aquí nació el picnic. En cualquier parque, a cualquier hora, en cualquier lugar, en las islas de las autopistas o de las grandes avenidas. Se sientan en círculo a comer, a tomar té y a hablar dejando que las horas transcurran un poco más lentamente que en el caos de Teherán. Claro que la fogatita la reservan para los lugares menos urbanos.

Y no sé si será la falta de bares y discotecas, pero algo que he notado es la gran afluencia de excursionistas subiendo el miércoles o jueves a pasar la noche en la montaña, con o sin carpa. Basta un saco de dormir y por supuesto, la tetera! Me pregunto cuantos caraqueños han dicho alguna vez ‘vamos al Avila a acampar este viernes por la noche?’ 1 de 10, 1 de 100, 1 de 1000, 1 de 10000? Yo lo he hecho varias veces, pero ya conocen mi afición por la montaña. Me da la impresión de que en Teherán no son sólo los montañistas los que suben la montaña.

También en el Damavand confirmé lo popular que es el montañismo en Irán. Siempre gente llegando y yendo, parecía el Mont Blanc en Agosto. El 28 de julio pasado estábamos tocando la cumbre de este volcán activo que se alza a 5670 metros sobre el nivel del mar. Es un cono perfecto que cada amanecer crea una sombra triangular que llega al infinito. Desde el refugio, lleno de gente, a 4200 metros, caminamos unas cinco horas hasta poder gritar ´cumbre´… en realidad grité ‘cumbre’ yo solo porque ni idea de que dijeron los iraníes, y mi amigo Renato dijo algo en italiano. Qué bueno fue volver a respirar aire fino de montaña, en medio de estos paisajes, en medio de fumarolas de azufre y penitentes de nieve rezagados del último invierno.

Sí, paisajes increíbles, eso es Irán, paisajes increíbles, gente bonita, amable, ingeniosa, graciosa, un país de jardines siempre verdes y de sol perenne. La idea del Irán que estaba dentro de mi cabeza ha sido cada día contradicha desde que llegué y la mayor parte de las veces para bien. No, no son árabes, no, no son gente ruidosa (me recuerdan más a los andinos que a los maracuchos), no, no es un país en las ruinas, no, no es un país de sólo desiertos, no, no es el país que te viene a la cabeza cuando ves CNN, no! Aquí la realidad es otra y no es fácil ni de descubrir ni de interpretar. Tantas veces me siento un completo extraño y otras veces siento que comprendo las cosas que suceden… pero independientemente de que me levante sintiéndome un poco más iraní o un poco más extranjero, creo que siempre tengo la sensación de que no puedo hacer lo que me da la gana, aunque así lo haga! Es cierto, puedo ir por la calle tranquilamente, es seguro, hay poco crimen, voy a fiestas que sin mirar por la ventana podrían ser en París, Caracas o Nueva York, voy al supermercado o al centro comercial como en cualquier otro lugar, podría hasta hablar mal del gobierno porque a fin de cuentas, quién me va a entender? Pero luego de imprevisto caigo en cuenta de que estoy en la República Islámica y no solo porque vea alguna propaganda del Gobierno en contra de Israel o USA o en apoyo a los Hezbollah, sino también porque sé que si se quiere comprar whisky es a través de un ‘contacto’ – traficando –, porque no puedo saludar con un beso a cualquier amiga por el solo hecho de que estemos en la calle, porque cuando salgo no puedo ponerme shorts a pesar del calor, o porque al llegar a una fiesta la policía está en la puerta para martillar… quizás son tonterías pero son el tipo de tonterías que me recuerdan donde estoy. Como dice un amigo mío de manera redundante, aquí te sientes en occidente hasta que te das cuentas de que no estás en occidente, de que nada pasa hasta que pasa.

Ahora estoy corto de ideas y lleno de sueño, mañana es domingo, yek-shambé, es un martes para mí. Son las cuatro y media de la tarde en Caracas y la media noche en Teherán.

Gracias por todos lo buenos comentarios de mi correo anterior. Será difícil complacer al público luego de aquellos elogios ;) pero lo intentaré, y seguiré escribiendo lo que me venga a la cabeza…

Número 1: Dejando Italia

Ahora me encuentro en Teherán. Les escribo desde un apartamento que para describirlo en una palabra se podría decir que es impersonal, con muebles pero vacío, con pisos de mármol y acabados de regular calidad. Está situado en el norte de Teherán. En la época del Shá, esta zona de la ciudad era de las menos desarrolladas, con casonas de lujo, incluyendo un par de ellas pertenecientes al mismo Shá. Ahora Teherán es una megápolis de unas 14 millones de personas y la zona norte está completamente integrada a la ciudad. Es una zona bastante urbanizada e incluye las zonas más ricas, digamos que pudiera ser el este de Caracas. La ventaja de vivir por estos lados es que, siendo más alto, a la pata del cerro, el aire es más fresco y más limpio. Las montañas Alborz comienzan justo detrás de mi casa y creo que me bastaría caminar unos 15 minutos para comenzar a internarme en la montaña.
Imaginen algo como 3 veces Caracas, eso sí, en medio de un clima árido con cuatro estaciones bien marcadas, y sin la gentileza de los vientos alisios, esos que mantienen a Caracas con un aire más o menos limpio. Esta inconstancia de los vientos sobre Teherán hace que sea una de las ciudades más contaminadas del planeta. Aunado a los vientos, está el hecho de que el sistema de transporte público no es el más moderno; el metro aún es bastante limitado y los autobuses, pues, de moderno no tienen nada. Ver el humo negro que se esparce en cada esquina, es un episodio normal. Si sumamos a eso la antigüedad de los carros en circulación, el panorama resulta el que es. Caminar por el centro es una experiencia ruidosa y llena de humo. Lo sientes en los ojos y en la garganta. El efecto se hace más fuerte combinando el aire seco con el smog. Pero Caracas sí tiene algo que envidiarle a Teherán: la seguridad personal. Aquí los niveles de criminalidad ni se acercan a los de nuestra querida capital! Se ve que es mucho más seguro, y lo dicen los mismos iraníes. No se ven tantas rejas, no se siente esa paranoia. Y como extranjeros no tenemos ninguna restricción de movimiento, ni en la ciudad, ni fuera de ella. Puedes ir solo a comprar lo que quieras donde sea. Habrá rateritos, me imagino, como en cualquier lugar... y claro que si quieres buscarte problemas o peligros, te los puedes buscar, basta exagerar (con mayúscula) con el comportamiento o acercarse a las zonas sensibles de las fronteras con Irak, Pakistán, Afganistán.
Dejando de un lado los problemas ambientales, presiento que será una buena experiencia, desde el primer día. Cosas por aprender y ver sobran. Sin embargo, sé que estas primeras semanas serán duras.
Aún tengo en mi cabeza a Ravenna, en donde, sinceramente, pasé una época muy agradable. Allí terminé de adaptarme a Italia, un país con el que comencé, en el 2004, una relación amor-odio. Por qué amor-odio (la verdad odio es una palabra demasiado fuerte para referirme a lo que me quiero referir)? En parte porque mis expectativas iniciales no se correspondieron con la realidad, en parte por el primer invierno milanés, en parte por que ya eran dos años sin estar en Venezuela, en parte porque allí comencé mi primer trabajo en otro idioma que no hablaba, y eso también requirió un esfuercito extra de adaptación. Milán: me esperaba yo algo un poquito más verde con menos neblina, y urbanizada de una manera diferente. Italia: a veces algunas cosas funcionaban como pensaba que no funcionarían en un país del primer mundo, como se suele decir. Eso sí, lo caluroso de la gente me hizo sentir casi en casa, y luego de más de dos años siento a Italia un poco como mi casa. Si, es verdad, cada lugar a el que uno va le deja algo y comienza a ser un poco su casa, pero a pesar de que tomó tiempo, Italia causó resonancia dentro de mí más que los otros lugares en los que he vivido (excluyamos a Venezuela) y al final nos llevamos muy bien. Es un país en el que me sé mover y creo que de los problemas que tiene, se pueden extraer varias analogías con Venezuela, especialmente en Nápoles hehehe. Además, allí me fue excelente, desde el primer día no dejé de encontrar gente que me ayudara, que me propusiera hacer algo, que me invitara… y en el trabajo todo ha salido perfecto, aunque claro que trabajar para una empresa grande no siempre es gratificante, no siempre es fácil ser una hormiga, y hay momentos de momentos, para bien y para mal.
Ahora que miro hacia atrás, no puedo ser tan ingrato con Milán. Renegué varias veces de esa ciudad, y aún pienso que no es la ciudad que escogería para vivir si llegara el punto de escoger. Pero la verdad, en y desde Milano podía hacer lo que sea. Era norte, pero era sur, era relativamente pequeña, pero era una gran ciudad, muy italiana y muy metrópolis, ni alpina ni mediterránea pero cercana a ambos lugares… en Milan pasé un año especial con gente muy especial. Me adapté cada vez más, pero siempre con una cierta reluctancia. Eso sí, ni de la niebla ni de los mosquitos milaneses siento nostalgia! El contrario puedo decir de los paseos veraniegos al lago Maggiore. Acampar a la orilla del lago, nadar en el agua fría y oscura, algo densa, que baja de los Alpes, comer bien, y relajarse. O de las noches en el pub Irlandés de Porta Romana, o de caminar por Porta Ticinese en busca de un bar para hacer aperitivo.
Luego fue Ravenna. Allí me creé un pequeño mundo. No es igual vivir en una gran ciudad en donde la cantidad de gente y actividades a veces te distraen tanto que no siempre puedes apreciar las cosas que el lugar te ofrece, en donde no siempre encuentras el tiempo de adaptarte, a menos que te quedes una vida. Bueno, tampoco hay que exagerar. Anyways, en Ravenna, aunque fue más difícil conocer gente, aunque hubo momentos de extremo aburrimiento… mmm… de hecho recuerdo un fin de semana en el que solo hablé con el panadero o con el que vendía algo en el bar del café, obviamente llegué desesperado el Lunes a la oficina abriendo el pico a quien se acercara. Como iba diciendo, aunque hubo momentos distintos, y hasta difíciles, tuve una rutina de vida tranquila pero con instantes divertidos en un lugar que se prestaba para hacer tanto. En el verano: viajecitos de fin de semana a las colinas, al centro de Italia, o simplemente agarraba la bici y me iba a la playa a jugar beachvolley con la misma gente de siempre. En invierno… pues comer, beber y uno que otro viajecito para distraerse. Un domingo a Venecia si no hay nada que hacer, o comprarse una pizza en la pizzería de la esquina, alquilar una película y basta. Y claro, mi curso de apnea, genial. El trabajo además era nuevo para mí y me permitió aprender un montón de cosas. Era un trabajo más concreto, más operativo. Tuve la oportunidad de ir a un par de pozos, en los que, además de aprender el oficio, hacia una buena cantidad de horas extras que se tradujeron en viajes y fines de semana por aquí y por allá. En Ravenna, caminando, en bicicleta o en motorino, si iba a revelar fotos ya me conocia al pana, si iba a cortarme el pelo, ya nos saludabamos como amigos que no éramos, si se trataba de ir al bar o al restaurant, pues bastaba entrar y el saludo amigable estaba esperando allí en la puerta, lo mismo con la pizzería, con el local en la playa, con la piadinería (a la que llamaría la arepera romañola), con la agencia de alquiler de carros, con la autoescuela, con el café Internet, con el barcito turistico que quedaba de frente a la iglesia de San Vitale (una de las principales atracciones turisticas de Ravenna). Ahhh y algo estupendo: no sabía lo que era la palabra tráfico. Si alguna vez lo había no era nada digno de la autopista del este, ni de la tangenziale est o ovest, ni de la perif, ni del GRA, …era más bien cosa de niños. Todo parece perfecto, y aún no les he hablado de mi apartamento, el cual ya algunos de entre ustedes tuvieron la oportunidad de conocer. Un ático en un edificio de época en al centro de Ravenna super espacioso y acogedor. Tenía dos niveles pero sin divisiones, en una esquina instalé una hamaca en la que dormí más de una vez. Desde mi ventana veía el centro de la ciudad y las campanas de la iglesia… CASI me avisaban de la hora, y digo CASI porque noté que tenían unos minutos de retardo. Lo descubrí cuando en una de las tantas mañanas en las que salía con el tiempo cronometrado, me hicieron perder el autobús. En fin, este apartamento tenía olor a casa.
Sí, claro, dirán, pero este es el lugar perfecto… hubo momentos perfectos, sí, pero como les dije, también hubo momentos de extremo aburrimiento sin conocer ni al del kioskito, buscando desesperadamente un poco de vida social. Los Raveneses (y lo dicen ellos mismos), no son los más abiertos, pero creo que una vez que el 'giro' se descubre, todo está hecho. La mayoría de mis colegas, además, no hacían vida en Ravenna. Cada fin de semana escapaban a sus ciudades respectivas. En fin, no siempre me levantaba enamorado con el lugar, pero sumando todo, el neto era positivo al igual que en Pau, otra ciudad pequeña. Eso sí, aquí a nivel de trabajo no había muchas opciones, o éste año o el próximo me habrían propuesto un traslado.
Y así me fui de Italia, entusiasmado con el país y su gente, pero hace ya algunos días en el aeropuerto de Bologna puse en Stop la película y cambie el DVD. Nunca conoceré el final, porque apenas acabo de comenzar otra película iraní que durara al menos un año, hasta junio del 2007.
Por los momentos continuaré conociendo el lugar y mi trabajo. Por fortuna, y en parte gracias a un amigo de un amigo austríaco que conocí en Suiza hace dos años y que está viviendo en Teherán, ya a alguna fiesta he ido (que parecen fiestas caraqueñas, mini faldas, alcohol, etc.), restaurantes, reuniones, piscinadas… En fin, sé que la realidad es otra, no parece Teheran... o más bien hay dos realidades que coexisten hipócritamente, viendose de reojo, reprochandose mutuamente reglas y libertades, dimes y diretes.
No sé porqué ahora con esa frase del DVD me vino a la cabeza la típica citación que dice Hermann, la de Chaplin, la vida y la obra de teatro hehehe. Hasta la próxima, ya les seguiré contando menos de Italia y más de Irán. Un abrazo desde el Medio Oriente.

Bienvenidos Bienvenus Benvenuti Welcome

Bienvenidos a mi blog. Me negaba a crearlo, pero creo que hara las cosas más fáciles. Será más fácil enviar el link con la actualización, que un megamail de cuatro páginas.

Próximamente continuaré publicando las "Crónicas de una república analcohólica"... el Número 1 ya lo haré llegar al blog. El Número dos está ya listo.

I will publish comments number 1 and number 2 very soon. In spanish though!
For those who don´t know it yet, I am living in Iran since end of May. So far so, so good, besides the enormous differences that prevail.

Un abrazo para todos.