La pelicula iraní continúa. Los personajes se multiplican (y hasta algunos se reproducen). Las historias se complican, la trama se vuelve más densa. Sin embargo, el personaje principal sigue igualito, igualito de diferente, diría yo. La luz que llega a la camara se hace menos intensa con la llegada del otoño y los ánimos se apaciguan de consecuencia. Aquí les va otra escena.
Estuve en Oslo la semana pasada por diez días desde el 5 de octubre.
La pase genial, tuve la oportunidad de encontrarme con Joachim, Daniel el Sueco (sí, el mismo que se perdió en Ecuador, para los que saben la historia), además conocí amigos de amigos, en particular amigos de mi nueva amiga Martina de NY, y a otra gente interesante, incluyendo a un par de artistas muy conocidos en Noruega. Qué bien me sentí pudiendo correr en shorts, sin miedo a estar demasiado descubierto, pudiendo correr en un espacio verde con árboles y sin carros, pudiendo beberme un cervecita cuando me saliera del forro, pudiendo ir a conciertos que no sean de música ni clásica ni tradicional (fui a un concierto gratos de Vocal Sampling), y viendo y reviendo a las mujeres sin velo. Un viernes de Oslo en la noche me regresaba al hotel golpeado por el alcohol de unas cervecitas y me reí de mi mismo cuando inconscientemente me comencé a ‘preocupar’ por mi aliento a alcohol, solo para darme cuenta al instante de que estaba en Noruega! En Teheran no es que pase algo si te montas con tu aliento a alcohol en un taxi, pero de vez en cuando hacen comentarios que te hacen sentir incomodo, pues esta prohibido; notan que has bebido, te lo preguntan.
Estuve viajando con mis compañeros iraníes y fue interesante (interesante no es sinónimo de fácil) compartir unos momentos con ellos en tierra occidental. A veces, para ser sincero, me sacaban de quicio. Otras veces compartíamos como buenos colegas tiempos agradables. Uno de ellos creo que tiene un montón de ideas preconcebidas acerca de nosotros los occidentales, sobretodo respecto a los bares, la vida nocturna, etc. Y cuando digo nosotros los occidentales lo digo porque pues, de este lado del globo se vuelve mas evidente de donde vienes… soy occidental y vivo en Irán, en donde no todos son occidentales, claro está, dependiendo de que se entiende por occidental.
Una experiencia extraña ésta de salir de Irán, y, sobretodo, la de volver! En Italia o en Francia cuando volvía de vacaciones decía… al fin mi casa, aunque no fuera la de Caracas. En Italia, mi casa era ya MI casa por decreto y por hecho. Ahora en Teherán es distinto. Sí, es mi casa, aquí tengo mis cosas (que cabrían en unas pocas cajas de cartón y una maleta) y ahora tengo mis amigos… pero es Irán… y eso implica tantas cosas! Joé!
En una semana cumpliré cinco meses aquí. Un tiempo largo y corto, una experiencia increíble que me ha cambiado, y que me seguirá cambiando. No soy el mismo. A veces me pregunto, cuando me pongo a hacer filosofía de la barata, si es que acaso el hecho de estar aquí no es sino un producto más de un mundo causal donde todo sucede porque tiene que suceder, o si acaso es el simple producto de un montón de eventos aleatorios. No lo sé. A veces me siento de lo mas normal en este lugar, casi acostumbrado, otras veces me siento como si estuviera apenas llegando, casi sorprendido. Sea como sea, la adaptación al lugar sigue su curso, y estoy empezando a pasarla bien. Me doy cuenta que abstrayéndose de la política y de ciertos derechos que damos por sentado en nuestro mundo, este país no es tan malo.
Ahora me voy a dormir, son las 4 de la mañana, vengo de una reunioncita con mis panas españoles, un grupo que, por cierto, se renueva constantemente. Ahora llego Rubén, un nuevo becario. Por esta reunión y también por mis ganas de dormir, mañana viernes no iré a caminar a la montaña con Renato. Inusual. Quería ir porque esta semana nevó por encima de los 3000 metros y el Avila de Teherán adquirió un bonito aspecto. Bueno y ya que hablé del Avila les digo que esta nieve en la montaña de Teherán trae a mi memoria un par de imágenes de sueños repetitivos que he tenido en el pasado: he soñado que el Avila amanecía blanco por la nieve. Una imagen definitivamente atractiva para nosotros los caraqueños.
Ok, ok, ya sé, que me vaya a dormir de una buena vez. Sueñen con el Avila.
Estuve en Oslo la semana pasada por diez días desde el 5 de octubre.
La pase genial, tuve la oportunidad de encontrarme con Joachim, Daniel el Sueco (sí, el mismo que se perdió en Ecuador, para los que saben la historia), además conocí amigos de amigos, en particular amigos de mi nueva amiga Martina de NY, y a otra gente interesante, incluyendo a un par de artistas muy conocidos en Noruega. Qué bien me sentí pudiendo correr en shorts, sin miedo a estar demasiado descubierto, pudiendo correr en un espacio verde con árboles y sin carros, pudiendo beberme un cervecita cuando me saliera del forro, pudiendo ir a conciertos que no sean de música ni clásica ni tradicional (fui a un concierto gratos de Vocal Sampling), y viendo y reviendo a las mujeres sin velo. Un viernes de Oslo en la noche me regresaba al hotel golpeado por el alcohol de unas cervecitas y me reí de mi mismo cuando inconscientemente me comencé a ‘preocupar’ por mi aliento a alcohol, solo para darme cuenta al instante de que estaba en Noruega! En Teheran no es que pase algo si te montas con tu aliento a alcohol en un taxi, pero de vez en cuando hacen comentarios que te hacen sentir incomodo, pues esta prohibido; notan que has bebido, te lo preguntan.
Estuve viajando con mis compañeros iraníes y fue interesante (interesante no es sinónimo de fácil) compartir unos momentos con ellos en tierra occidental. A veces, para ser sincero, me sacaban de quicio. Otras veces compartíamos como buenos colegas tiempos agradables. Uno de ellos creo que tiene un montón de ideas preconcebidas acerca de nosotros los occidentales, sobretodo respecto a los bares, la vida nocturna, etc. Y cuando digo nosotros los occidentales lo digo porque pues, de este lado del globo se vuelve mas evidente de donde vienes… soy occidental y vivo en Irán, en donde no todos son occidentales, claro está, dependiendo de que se entiende por occidental.
Una experiencia extraña ésta de salir de Irán, y, sobretodo, la de volver! En Italia o en Francia cuando volvía de vacaciones decía… al fin mi casa, aunque no fuera la de Caracas. En Italia, mi casa era ya MI casa por decreto y por hecho. Ahora en Teherán es distinto. Sí, es mi casa, aquí tengo mis cosas (que cabrían en unas pocas cajas de cartón y una maleta) y ahora tengo mis amigos… pero es Irán… y eso implica tantas cosas! Joé!
En una semana cumpliré cinco meses aquí. Un tiempo largo y corto, una experiencia increíble que me ha cambiado, y que me seguirá cambiando. No soy el mismo. A veces me pregunto, cuando me pongo a hacer filosofía de la barata, si es que acaso el hecho de estar aquí no es sino un producto más de un mundo causal donde todo sucede porque tiene que suceder, o si acaso es el simple producto de un montón de eventos aleatorios. No lo sé. A veces me siento de lo mas normal en este lugar, casi acostumbrado, otras veces me siento como si estuviera apenas llegando, casi sorprendido. Sea como sea, la adaptación al lugar sigue su curso, y estoy empezando a pasarla bien. Me doy cuenta que abstrayéndose de la política y de ciertos derechos que damos por sentado en nuestro mundo, este país no es tan malo.
Ahora me voy a dormir, son las 4 de la mañana, vengo de una reunioncita con mis panas españoles, un grupo que, por cierto, se renueva constantemente. Ahora llego Rubén, un nuevo becario. Por esta reunión y también por mis ganas de dormir, mañana viernes no iré a caminar a la montaña con Renato. Inusual. Quería ir porque esta semana nevó por encima de los 3000 metros y el Avila de Teherán adquirió un bonito aspecto. Bueno y ya que hablé del Avila les digo que esta nieve en la montaña de Teherán trae a mi memoria un par de imágenes de sueños repetitivos que he tenido en el pasado: he soñado que el Avila amanecía blanco por la nieve. Una imagen definitivamente atractiva para nosotros los caraqueños.
Ok, ok, ya sé, que me vaya a dormir de una buena vez. Sueñen con el Avila.

















