Número 1: Dejando Italia

Ahora me encuentro en Teherán. Les escribo desde un apartamento que para describirlo en una palabra se podría decir que es impersonal, con muebles pero vacío, con pisos de mármol y acabados de regular calidad. Está situado en el norte de Teherán. En la época del Shá, esta zona de la ciudad era de las menos desarrolladas, con casonas de lujo, incluyendo un par de ellas pertenecientes al mismo Shá. Ahora Teherán es una megápolis de unas 14 millones de personas y la zona norte está completamente integrada a la ciudad. Es una zona bastante urbanizada e incluye las zonas más ricas, digamos que pudiera ser el este de Caracas. La ventaja de vivir por estos lados es que, siendo más alto, a la pata del cerro, el aire es más fresco y más limpio. Las montañas Alborz comienzan justo detrás de mi casa y creo que me bastaría caminar unos 15 minutos para comenzar a internarme en la montaña.
Imaginen algo como 3 veces Caracas, eso sí, en medio de un clima árido con cuatro estaciones bien marcadas, y sin la gentileza de los vientos alisios, esos que mantienen a Caracas con un aire más o menos limpio. Esta inconstancia de los vientos sobre Teherán hace que sea una de las ciudades más contaminadas del planeta. Aunado a los vientos, está el hecho de que el sistema de transporte público no es el más moderno; el metro aún es bastante limitado y los autobuses, pues, de moderno no tienen nada. Ver el humo negro que se esparce en cada esquina, es un episodio normal. Si sumamos a eso la antigüedad de los carros en circulación, el panorama resulta el que es. Caminar por el centro es una experiencia ruidosa y llena de humo. Lo sientes en los ojos y en la garganta. El efecto se hace más fuerte combinando el aire seco con el smog. Pero Caracas sí tiene algo que envidiarle a Teherán: la seguridad personal. Aquí los niveles de criminalidad ni se acercan a los de nuestra querida capital! Se ve que es mucho más seguro, y lo dicen los mismos iraníes. No se ven tantas rejas, no se siente esa paranoia. Y como extranjeros no tenemos ninguna restricción de movimiento, ni en la ciudad, ni fuera de ella. Puedes ir solo a comprar lo que quieras donde sea. Habrá rateritos, me imagino, como en cualquier lugar... y claro que si quieres buscarte problemas o peligros, te los puedes buscar, basta exagerar (con mayúscula) con el comportamiento o acercarse a las zonas sensibles de las fronteras con Irak, Pakistán, Afganistán.
Dejando de un lado los problemas ambientales, presiento que será una buena experiencia, desde el primer día. Cosas por aprender y ver sobran. Sin embargo, sé que estas primeras semanas serán duras.
Aún tengo en mi cabeza a Ravenna, en donde, sinceramente, pasé una época muy agradable. Allí terminé de adaptarme a Italia, un país con el que comencé, en el 2004, una relación amor-odio. Por qué amor-odio (la verdad odio es una palabra demasiado fuerte para referirme a lo que me quiero referir)? En parte porque mis expectativas iniciales no se correspondieron con la realidad, en parte por el primer invierno milanés, en parte por que ya eran dos años sin estar en Venezuela, en parte porque allí comencé mi primer trabajo en otro idioma que no hablaba, y eso también requirió un esfuercito extra de adaptación. Milán: me esperaba yo algo un poquito más verde con menos neblina, y urbanizada de una manera diferente. Italia: a veces algunas cosas funcionaban como pensaba que no funcionarían en un país del primer mundo, como se suele decir. Eso sí, lo caluroso de la gente me hizo sentir casi en casa, y luego de más de dos años siento a Italia un poco como mi casa. Si, es verdad, cada lugar a el que uno va le deja algo y comienza a ser un poco su casa, pero a pesar de que tomó tiempo, Italia causó resonancia dentro de mí más que los otros lugares en los que he vivido (excluyamos a Venezuela) y al final nos llevamos muy bien. Es un país en el que me sé mover y creo que de los problemas que tiene, se pueden extraer varias analogías con Venezuela, especialmente en Nápoles hehehe. Además, allí me fue excelente, desde el primer día no dejé de encontrar gente que me ayudara, que me propusiera hacer algo, que me invitara… y en el trabajo todo ha salido perfecto, aunque claro que trabajar para una empresa grande no siempre es gratificante, no siempre es fácil ser una hormiga, y hay momentos de momentos, para bien y para mal.
Ahora que miro hacia atrás, no puedo ser tan ingrato con Milán. Renegué varias veces de esa ciudad, y aún pienso que no es la ciudad que escogería para vivir si llegara el punto de escoger. Pero la verdad, en y desde Milano podía hacer lo que sea. Era norte, pero era sur, era relativamente pequeña, pero era una gran ciudad, muy italiana y muy metrópolis, ni alpina ni mediterránea pero cercana a ambos lugares… en Milan pasé un año especial con gente muy especial. Me adapté cada vez más, pero siempre con una cierta reluctancia. Eso sí, ni de la niebla ni de los mosquitos milaneses siento nostalgia! El contrario puedo decir de los paseos veraniegos al lago Maggiore. Acampar a la orilla del lago, nadar en el agua fría y oscura, algo densa, que baja de los Alpes, comer bien, y relajarse. O de las noches en el pub Irlandés de Porta Romana, o de caminar por Porta Ticinese en busca de un bar para hacer aperitivo.
Luego fue Ravenna. Allí me creé un pequeño mundo. No es igual vivir en una gran ciudad en donde la cantidad de gente y actividades a veces te distraen tanto que no siempre puedes apreciar las cosas que el lugar te ofrece, en donde no siempre encuentras el tiempo de adaptarte, a menos que te quedes una vida. Bueno, tampoco hay que exagerar. Anyways, en Ravenna, aunque fue más difícil conocer gente, aunque hubo momentos de extremo aburrimiento… mmm… de hecho recuerdo un fin de semana en el que solo hablé con el panadero o con el que vendía algo en el bar del café, obviamente llegué desesperado el Lunes a la oficina abriendo el pico a quien se acercara. Como iba diciendo, aunque hubo momentos distintos, y hasta difíciles, tuve una rutina de vida tranquila pero con instantes divertidos en un lugar que se prestaba para hacer tanto. En el verano: viajecitos de fin de semana a las colinas, al centro de Italia, o simplemente agarraba la bici y me iba a la playa a jugar beachvolley con la misma gente de siempre. En invierno… pues comer, beber y uno que otro viajecito para distraerse. Un domingo a Venecia si no hay nada que hacer, o comprarse una pizza en la pizzería de la esquina, alquilar una película y basta. Y claro, mi curso de apnea, genial. El trabajo además era nuevo para mí y me permitió aprender un montón de cosas. Era un trabajo más concreto, más operativo. Tuve la oportunidad de ir a un par de pozos, en los que, además de aprender el oficio, hacia una buena cantidad de horas extras que se tradujeron en viajes y fines de semana por aquí y por allá. En Ravenna, caminando, en bicicleta o en motorino, si iba a revelar fotos ya me conocia al pana, si iba a cortarme el pelo, ya nos saludabamos como amigos que no éramos, si se trataba de ir al bar o al restaurant, pues bastaba entrar y el saludo amigable estaba esperando allí en la puerta, lo mismo con la pizzería, con el local en la playa, con la piadinería (a la que llamaría la arepera romañola), con la agencia de alquiler de carros, con la autoescuela, con el café Internet, con el barcito turistico que quedaba de frente a la iglesia de San Vitale (una de las principales atracciones turisticas de Ravenna). Ahhh y algo estupendo: no sabía lo que era la palabra tráfico. Si alguna vez lo había no era nada digno de la autopista del este, ni de la tangenziale est o ovest, ni de la perif, ni del GRA, …era más bien cosa de niños. Todo parece perfecto, y aún no les he hablado de mi apartamento, el cual ya algunos de entre ustedes tuvieron la oportunidad de conocer. Un ático en un edificio de época en al centro de Ravenna super espacioso y acogedor. Tenía dos niveles pero sin divisiones, en una esquina instalé una hamaca en la que dormí más de una vez. Desde mi ventana veía el centro de la ciudad y las campanas de la iglesia… CASI me avisaban de la hora, y digo CASI porque noté que tenían unos minutos de retardo. Lo descubrí cuando en una de las tantas mañanas en las que salía con el tiempo cronometrado, me hicieron perder el autobús. En fin, este apartamento tenía olor a casa.
Sí, claro, dirán, pero este es el lugar perfecto… hubo momentos perfectos, sí, pero como les dije, también hubo momentos de extremo aburrimiento sin conocer ni al del kioskito, buscando desesperadamente un poco de vida social. Los Raveneses (y lo dicen ellos mismos), no son los más abiertos, pero creo que una vez que el 'giro' se descubre, todo está hecho. La mayoría de mis colegas, además, no hacían vida en Ravenna. Cada fin de semana escapaban a sus ciudades respectivas. En fin, no siempre me levantaba enamorado con el lugar, pero sumando todo, el neto era positivo al igual que en Pau, otra ciudad pequeña. Eso sí, aquí a nivel de trabajo no había muchas opciones, o éste año o el próximo me habrían propuesto un traslado.
Y así me fui de Italia, entusiasmado con el país y su gente, pero hace ya algunos días en el aeropuerto de Bologna puse en Stop la película y cambie el DVD. Nunca conoceré el final, porque apenas acabo de comenzar otra película iraní que durara al menos un año, hasta junio del 2007.
Por los momentos continuaré conociendo el lugar y mi trabajo. Por fortuna, y en parte gracias a un amigo de un amigo austríaco que conocí en Suiza hace dos años y que está viviendo en Teherán, ya a alguna fiesta he ido (que parecen fiestas caraqueñas, mini faldas, alcohol, etc.), restaurantes, reuniones, piscinadas… En fin, sé que la realidad es otra, no parece Teheran... o más bien hay dos realidades que coexisten hipócritamente, viendose de reojo, reprochandose mutuamente reglas y libertades, dimes y diretes.
No sé porqué ahora con esa frase del DVD me vino a la cabeza la típica citación que dice Hermann, la de Chaplin, la vida y la obra de teatro hehehe. Hasta la próxima, ya les seguiré contando menos de Italia y más de Irán. Un abrazo desde el Medio Oriente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, muy interesante el articulo, felicitaciones desde Panama!

Anónimo dijo...

Buen articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)