Mención aparte merecen unos personajes que, en cierta manera, son protagonistas de mi vida Iraní: los taxistas. De ellos dependo cada fin de semana o también los días de trabajo para ir a cenar, a encontrarme con amigos o, eventualmente para los viajes de fin de semana. Con ellos discuto sobre la vida Iraní, el sistema, su vida personal, mi vida menos personal, y, por supuesto, el precio. En definitiva son una ventana a ese Irán que no logro ver en mi microcosmos del Norte de Teherán. Los hay de todos colores y simpatías… solo por mencionar tres perfiles típicos, está el joven con carro nuevo que conduce como un loco mientras escucha el pop iraní a todo volumen, también el viejito con su modesta Peykan desperolada de los años '80 que conduce despacito y cobra menos, y el menos joven, más bien serio, con carro grande y nuevo que siempre quiere cobrar de más.
Aquel microcosmos Nórdico Teheraniano del que les hablaba tiene su atractivo, aquí encuentro personajes menos conservadores y más viajados, muchos profesionales, uno que otro artista contemporáneo, y logro discutir más abiertamente el Irán de hoy. Sin embargo, la vida entre Elahieh y Aghdasieh (vecindarios más bien clase Media-Alta o Alta) me aisla de la realidad que se cuela por todos lados en este país de encantos y desencantos.
Subo al taxi, digo Salam y me responden. Si no estoy de humor, quizás no abro la boca y pienso en la inmortalidad del cangrejo, pero la mayoría de las veces es dificil quedarse callado. Generalmente no pasan 5 o 10 minutos antes de que el taxista me haga las clásicas preguntas que casi se pudieran tipificar: de donde vienes? Te gusta Irán? Cuanto tiempo llevas en Irán? Eres casado? Si no, por qué? Tienes hijos? Qué haces en Irán? Cuánto ganas?
La mayoría de las preguntas son fáciles de responder, excepto la última… cómo le explico yo a un taxista quien quizás gana unos 500 $ al mes lo que yo gano como expatriado de una compañía petrolera? Es la pregunta mas incómoda y generalmente la esquivo o miento sutilmente. A veces miento también cuando llega el momento de decir de dónde soy. Y lo hago, no porque me avergüenze de ser venezolano, sino simplemente porque cada vez que digo que soy de Venezuela me responden con el nombre ‘Chávez’. Por un momento me cansé y empecé a decir que venía de Ecuador, de Italia o de España… alguno continuaba el interrogatorio y tenía que inventarme al improviso la vida que nunca tuve en Sevilla, en Milán, o en Quito..! Ultimamente opto por decir que vengo de América del Sur. Algunos ni siquiera saben donde queda, otros creen que vengo del sur de los EEUU, otros no preguntan de que país en específico, y otros continúan la investigación hasta que eventualmente oigo de nuevo ‘the CH-word’.
Yo también hago mis preguntas. Generalmente pregunto de dónde vienen y la mayoría son de Teheran, lo que no es ninguna sorpresa. Igualmente pregunto si son casados y si tienen hijos y de vez en cuando indago lo que piensan de su propio país. Lamentablemente, la mayoría de las respuestas a esta última inquietud son bastante negativas. Todos se vantan de la comida, de la belleza de sus mujeres, de la hermosa y variada naturaleza Iraní, de su historia, de su idioma… y no sin razón; pero todos deploran la situación que se vive. La vida cuesta cada día mas, el dinero no alcanza y los buenos trabajos no abundan. Recuerdo un taxista que me comentaba que habia estudiado Quimica pero que tuvo que meterse a taxista. Otro tenía un trabajo fijo de día y era taxista de noche, “lo hago por mi hija, es muy duro trabajar dos turnos, pero no quiero que a ella le falte nada”. Uno de los choferes era fiscal de tránsito en el día y en la noche conducía por dinero. Uno era marinero en un barco de carga y en sus días de tierra pues, había que resolverse. Otro era estudiante y con el padre compartía el bólido amarillo pollito para producir lo mas que se pudiera. La semana pasada me tocó un taxista que hablaba un inglés americano impecable. En fin, la vida es tan o mas dura que en cualquiera de los países en desarrollo.
Sin embargo, hay otro elemento del discurso ‘taxiniano’ que es el que más me entristece: cuando pasamos al tema del estilo de vida, abstrayéndonos de la situación económica y laboral. La mayoría de ellos odia al gobierno por dictar lo que deben hacer en sus vidas privadas, algunos son mas extremistas en su discurso y dicen que deberían matar a todos los Mullahs. Muchos extrañan y romantizan la época del Shah, “en Teherán había las mejores discotecas del mundo, los jóvenes se podían divertir, salir con tu novia… ahora la juventud en Irán simplemente no existe”. Se quejan de que todo está prohibido, de que no hay libertad, de que sólo se trabaja sin que haya lugar para la recreación, me preguntan sobre el estilo de vida en Venezuela y yo les cuento como la gente sale, baila, las mujeres no llevan hejab, puedes ir a la playa con tus amigos y amigas sin separarse o esconderse… Algunos de los comentarios son muy sentidos, parecieran venir del fondo de su alma y entristecen. Otros parecieran hablar más a la ligera y hasta pareciera que se quejan sólo para crear empatía con un occidental, pero sé que no es así... en el fondo, esta es una sociedad frustrada con ganas de unas migajas de libertad.
Aunque hablen tan mal de su país, no todos sueñan con irse. De entre ellos, muchos se desviven, o así dicen, por irse a Europa o EEUU, en donde tienen un primo, un hermano o un amigo que les facilitaria las cosas. Sin embargo, otros taxistas ni siquiera se plantean el irse. Prefieren quedarse en Irán porque “aquí esta la familia” o porque simplemente “es el mejor país del mundo”, “no pudiera vivir en otro lugar” y personalmente, no puedo darle la razon ni a un grupo ni al otro. Este pais es blanco y negro, merece que lo abandonen y merece que lo adoren al mismo tiempo. Es un país ambiguo que, dadas las circunstancias actuales, es para amar y para odiar. Definitivamente si fuera Iraní no creo que salir de este país sería tan fácil.
Usar el taxi en Teheran de manera óptima no es fácil… hay muchos códigos y factores a considerar. Está el factor tiempo de la carrera que puede durar cinco minutos o dos horas, dependiendo a su vez de los siguientes factores: lo infernal del trafico, la distancia, y el libre albedrío del taxista, que muchas veces quiere diseñar su propia ruta que puede incluir o no su propio destino. Me ha pasado mucho que después de indicar la dirección el taxista, luego de haberme confirmado que sabía dónde era, me lleva a otro lado o al mismo lado pero por el camino que no le indiqué. Además de esos factores esta el factor tiempo de llegada… las agencias de taxi me han dejado esperando en mi casa hasta una hora y media, cuando al telefono me decían “10 minutos”. Otro factor importantísimo es la gasolina. No solo el precio y el racionamiento, que es causa de una conversación estandar de diez minutos, sino el que haya gasolina suficiente en el tanque del taxi. Tres veces me ha ocurrido que el taxi me deja a mitad de camino porque no tiene gasolina. Es gracioso, cuando no estas apurado…
Un momento crítico en esta cultura taxística de Teherán es el momento del pago. A veces se hacen los simpáticos durante la carrera para luego cobrar de más con una sonrisa, otras veces son simpáticos y cobran lo justo, y también aplican la técnica de quejarse por la situación económica y por el precio de la gasolina para justificar el precio exorbitante que dirá a la llegada. A veces usan mucho taarof, esa cortesía hipócrita iraní, insistiendo en que me baje del taxi sin pagar… otras veces usan solo el taarof estándar respondiendo con un “no es nada” a mi pregunta de “cuánto es” para luego decir el precio de la carrera. He probado todas las opciones, incluso me he bajado sin pagar siguiendo las instrucciones literales del Taarof, también he pagado de más, de menos, lo justo, discutiendo a veces y sin discutir otras, tirando la puerta o cerrándola gentilmente.
Fin de la carrera.
Número 10: The Little People
Un juego que a veces recuerda Risk, a veces recuerda al Monopolio (marcas registradas por si las moscas!) es el que juegan nuestros gobernantes. Y discúlpenme si como ejemplo pongo a juegos venidos del imperio mismo, pero es que yo crecí en la cuarta republica cuando aún eramos, según el discurso de aquél señor, el 52gésimo estado de la Unión después de Puerto Rico. Es más, creo que jugué más a Monopolio que a perinola… cómo se hace?
En medio de estos juegos, nuestros gobernantes, llámese Chávez, Uribe, Bush, Correa o hasta Marulanda, que para algunos gobierna algo que se llamaría FARC-landia, toman decisiones que afectan la vida de millones de personas. Algunos parecieran estar conscientes de ello y suelen ser cautos y asumir el poder responsablemente, pero otros quizás no tanto. Cuando Bush decide invadir Irak… qué cambiara para él? El seguirá viajando, reuniéndose con sus ministros y asesores y preparando la siguiente movida luego del almuerzo apetitoso preparado por el excelente chef de la Casa Blanca. Para él no cambiará nada a parte de volver más interesante y agregar un poco de suspenso a los reportes de popularidad que seguramente seguirá día a día. Cuando Chavez decide salir de la Comunidad Andina, iniciar pleitos petroleros, despedir empleados estatales, o enviar tropas a la frontera con Colombia… él mejor que nadie sabe que nada cambiara en su vida. Seguirá comiendo, seguirá bañándose y hasta durmiendo si es que su cabeza caliente lo deja. Seguirá viajando y seguirá preparándose para la guerra de 23ª generación asimétrica, pelada, peluda y perempempuda que lo defenderá del imperio salvaje y lo ayudará a consolidar su socialismo del siglo 31 que solo él entiende, como Bolívar soñó… y, aquí entre nos, me pregunto que pensaría Bolívar de las actuaciones de este señor!
A veces me pregunto qué tan libres somos en estas democracias imperfectas. Qué tan libres somos de decidir nuestros destinos? Cuando las elites, que inevitablemente gobiernan un país, así sea el mas democrático del mundo, hacen sus juegos; qué tanto me representan? Por qué ellos deciden por mí qué guerra debo pelear o qué noticia debo leer? Por qué ellos deben decidir qué trabajo debo tener? Supongo que debo aceptar que somos seis mil millones de personas en el planeta y que cada familia no puede tener su propio reino y mucho menos cada individuo, pero bastaría un poco más de sensatez en nuestros gobernantes para hacernos sentir más seguros con nuestras democracias, más representados, menos vulnerables, y al final, más libres, aunque muy probablemente se trate de una simple ilusión. Nosotros, la gentecita de las tierras tropicales o the little people del imperio salvaje, deberíamos ser un poco más respetados, nuestros gobernantes se deberían acordar un poco más de nosotros cuando juegan sus juegos de mundo, porque es a nosotros a quien el carrito del Monopolio puede pisar o a quien los soldaditos del Risk pueden disparar.
En medio de estos juegos, nuestros gobernantes, llámese Chávez, Uribe, Bush, Correa o hasta Marulanda, que para algunos gobierna algo que se llamaría FARC-landia, toman decisiones que afectan la vida de millones de personas. Algunos parecieran estar conscientes de ello y suelen ser cautos y asumir el poder responsablemente, pero otros quizás no tanto. Cuando Bush decide invadir Irak… qué cambiara para él? El seguirá viajando, reuniéndose con sus ministros y asesores y preparando la siguiente movida luego del almuerzo apetitoso preparado por el excelente chef de la Casa Blanca. Para él no cambiará nada a parte de volver más interesante y agregar un poco de suspenso a los reportes de popularidad que seguramente seguirá día a día. Cuando Chavez decide salir de la Comunidad Andina, iniciar pleitos petroleros, despedir empleados estatales, o enviar tropas a la frontera con Colombia… él mejor que nadie sabe que nada cambiara en su vida. Seguirá comiendo, seguirá bañándose y hasta durmiendo si es que su cabeza caliente lo deja. Seguirá viajando y seguirá preparándose para la guerra de 23ª generación asimétrica, pelada, peluda y perempempuda que lo defenderá del imperio salvaje y lo ayudará a consolidar su socialismo del siglo 31 que solo él entiende, como Bolívar soñó… y, aquí entre nos, me pregunto que pensaría Bolívar de las actuaciones de este señor!
A veces me pregunto qué tan libres somos en estas democracias imperfectas. Qué tan libres somos de decidir nuestros destinos? Cuando las elites, que inevitablemente gobiernan un país, así sea el mas democrático del mundo, hacen sus juegos; qué tanto me representan? Por qué ellos deciden por mí qué guerra debo pelear o qué noticia debo leer? Por qué ellos deben decidir qué trabajo debo tener? Supongo que debo aceptar que somos seis mil millones de personas en el planeta y que cada familia no puede tener su propio reino y mucho menos cada individuo, pero bastaría un poco más de sensatez en nuestros gobernantes para hacernos sentir más seguros con nuestras democracias, más representados, menos vulnerables, y al final, más libres, aunque muy probablemente se trate de una simple ilusión. Nosotros, la gentecita de las tierras tropicales o the little people del imperio salvaje, deberíamos ser un poco más respetados, nuestros gobernantes se deberían acordar un poco más de nosotros cuando juegan sus juegos de mundo, porque es a nosotros a quien el carrito del Monopolio puede pisar o a quien los soldaditos del Risk pueden disparar.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)