Un juego que a veces recuerda Risk, a veces recuerda al Monopolio (marcas registradas por si las moscas!) es el que juegan nuestros gobernantes. Y discúlpenme si como ejemplo pongo a juegos venidos del imperio mismo, pero es que yo crecí en la cuarta republica cuando aún eramos, según el discurso de aquél señor, el 52gésimo estado de la Unión después de Puerto Rico. Es más, creo que jugué más a Monopolio que a perinola… cómo se hace?
En medio de estos juegos, nuestros gobernantes, llámese Chávez, Uribe, Bush, Correa o hasta Marulanda, que para algunos gobierna algo que se llamaría FARC-landia, toman decisiones que afectan la vida de millones de personas. Algunos parecieran estar conscientes de ello y suelen ser cautos y asumir el poder responsablemente, pero otros quizás no tanto. Cuando Bush decide invadir Irak… qué cambiara para él? El seguirá viajando, reuniéndose con sus ministros y asesores y preparando la siguiente movida luego del almuerzo apetitoso preparado por el excelente chef de la Casa Blanca. Para él no cambiará nada a parte de volver más interesante y agregar un poco de suspenso a los reportes de popularidad que seguramente seguirá día a día. Cuando Chavez decide salir de la Comunidad Andina, iniciar pleitos petroleros, despedir empleados estatales, o enviar tropas a la frontera con Colombia… él mejor que nadie sabe que nada cambiara en su vida. Seguirá comiendo, seguirá bañándose y hasta durmiendo si es que su cabeza caliente lo deja. Seguirá viajando y seguirá preparándose para la guerra de 23ª generación asimétrica, pelada, peluda y perempempuda que lo defenderá del imperio salvaje y lo ayudará a consolidar su socialismo del siglo 31 que solo él entiende, como Bolívar soñó… y, aquí entre nos, me pregunto que pensaría Bolívar de las actuaciones de este señor!
A veces me pregunto qué tan libres somos en estas democracias imperfectas. Qué tan libres somos de decidir nuestros destinos? Cuando las elites, que inevitablemente gobiernan un país, así sea el mas democrático del mundo, hacen sus juegos; qué tanto me representan? Por qué ellos deciden por mí qué guerra debo pelear o qué noticia debo leer? Por qué ellos deben decidir qué trabajo debo tener? Supongo que debo aceptar que somos seis mil millones de personas en el planeta y que cada familia no puede tener su propio reino y mucho menos cada individuo, pero bastaría un poco más de sensatez en nuestros gobernantes para hacernos sentir más seguros con nuestras democracias, más representados, menos vulnerables, y al final, más libres, aunque muy probablemente se trate de una simple ilusión. Nosotros, la gentecita de las tierras tropicales o the little people del imperio salvaje, deberíamos ser un poco más respetados, nuestros gobernantes se deberían acordar un poco más de nosotros cuando juegan sus juegos de mundo, porque es a nosotros a quien el carrito del Monopolio puede pisar o a quien los soldaditos del Risk pueden disparar.
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